Si la amistad te ha traido por aquí, eres bienvenido para compartir mis momentos de tranquilidad, aquellos que podré dedicar a este diario, sin guión, ni intención.
Y si es el azar lo que ha hecho que aterrices con un click en este blog, bienvenido también: si llegaste y encontraste algo que te sirva, mejor.

sábado, 4 de marzo de 2023

ATRAPADA EN LAS SOMBRAS


            De verdad que lamento llegar últimamente a este espacio con una queja, un dolor o una tristeza. Os confieso que hay un capítulo de mi historia que deseo contar, que me quema en las entrañas y es de pura felicidad, pero aún no ha llegado. Por momentos pienso que está ya casi a punto de suceder y, al momento siguiente, lo veo tan inalcanzable que me hundo todavía más en mis profundidades, con todas estas otras historias que también componen mi vida que “me perturban, angustian o atormentan”, como diría aquélla… Por fortuna, sigo teniendo esto, que muchos creen que es un don, que es contar con las palabras para calmar mi alma, así que, por mucho que me pese que la gran mayoría de cachitos de mi existencia que os comparto no sean alegrías, agradezco la existencia de éste, mi espacio, para gritar al vacío, tanto si se me oye, como si no. Creo que hacerlo, además de liberarme, me sirve para encontrar al final la esperanza que necesito para seguir adelante, y con este fin último, mis manos y mi voz hoy van a contar en “Día a día” y en “Batiburrillo”, este capítulo al que he llamado “Atrapada en las sombras” y al que te doy la bienvenida. 

         Esta historia comienza con un whatsapp de alguien que me pidió su ayuda. Lo que le pasaba y la ayuda que le presté ahora ya no importa. De todo ello ya hablé en otro momento y en otro lugar parecido a éste y con certeza tuvo la difusión necesaria, que no es lo que espero en este caso. Pero aprovecho la ocasión para dar las gracias a todo aquél que, por azar o cualquier otro misterioso algoritmo internauta, acabe leyendo u oyendo esto y participara en aquella difusión. 

         En realidad, hoy de lo que vengo a hablar es de la repercusión personal que ha supuesto y supone para mí todo lo que ha removido esta situación, al margen de lo profesional o además de en lo profesional. Me encuentro ante el silencio para darme cuenta de todo…

         Hacía tiempo que no me sentía útil. Hacía tiempo que no me sentía necesitada y poder hacer algo por alguien, al que además tienes cierto cariño, te da un subidón de dopamina, como si de una droga se hubiera tratado. Joder, empezando por el final, yo creo que estoy bajo los efectos del síndrome de abstinencia tras el paso de la ola de euforia. Aunque bueno, no es tan sencillo como eso. No soy una yonqui del “buensamaritanismo” precisamente, así que hay más bajo esta manta.

         No me arrepiento de nada y lo volvería a hacer todo igual, pero debo reconocer que llevo un mes de resaca emocional que me ha desconcertado, que me ha desviado de mi foco y que me ha hecho y me hace llorar sin aparentes motivos en más ocasiones de las que puedo contar con los dedos de todas mis extremidades. Así que, naturalmente, a veces me pregunto si ha merecido la pena todo este asunto. 

         He comenzado diciendo que volvería a repetir todo lo que he hecho, así que la respuesta a la pregunta anterior, es obvia. Pero indudablemente si hoy por hoy no me encuentro bien al respecto es por algo y eso es lo que necesito ordenar en mi mente, como casi siempre hago cuando recurro al cursor parpadeante de un documento en blanco.

         Las listas de cotejo mentales no me son suficientes, debo verlas impresas para aclararme, así que voy a ello y, me dirigiré expresamente a ti, porque, de alguna manera es la forma en la que necesito hacerlo: 
                     •En primer lugar, removiste los cimientos de mi yo profesional, me di cuenta más que nunca de mi mala praxis en ocasiones y me sentí avergonzada. A pesar de todo, esa reflexión, esa autocrítica que provocaste que ocurriera de manera colateral , es positiva porque me ha servido para ser mejor en mi labor y tardaré en olvidar lo que ya sabía, pero que vas dejando a un lado con el devenir de los años de profesión, aunque sea, tal vez, lo más importante de nuestra labor como educadores.

                     •Luego, sentí tu agradecimiento. Un bálsamo. Un masaje relajante para una mente aturdida y me dejé invadir por esa agradable sensación. Pero los efectos de los masajes y los bálsamos son efímeros. Los dolores vuelven al poco, acompañados de revelaciones sobre lo que realmente los provocan. Vi un vacío infinito que hace tiempo que no quiero mirar. Tan enfocada estoy en el objetivo de conseguir esa plaza que parece que nunca va a llegar que, poco a poco, he renunciado a cada vez más cosas, a cosas que son las que realmente importan en la vida. Me he aislado en el convencimiento de que, solo poniendo todo mi empeño en esto lo conseguiré, de que el sacrificio es lo que me llevará al éxito. Pero, ¿de qué sirve el éxito si cuando lo consiga no te queda ya nadie para compartirlo? ¿Es que pienso que mi vida comenzará entonces? Tal vez para alguien de 19 años sea así, pero para alguien que ya roza los 50, lo único que siento es que he desperdiciado demasiados momentos de felicidad plena por creer que no debía permitírmelos hasta no conseguir mi meta. Me siento sola. Ésa es la pura realidad y te sigo en redes y leo algunas de tus reflexiones y siento vértigo al ver lo que te estás autoimponiendo. Deseo que no pase mucho tiempo hasta conseguir tus objetivos, pero eso no lo puedes saber y, en ocasiones, las notas que publicas, me dan miedo porque se encaminan peligrosamente al mismo sendero que yo he seguido. 

                 •Pasamos una tarde larguísima hablando y hacía ni me acuerdo del tiempo que no pasaba una tarde así: dejando a un lado todo por escuchar a otro ser humano, por escucharte a ti, por compartir, entre canciones, tus pensamientos, tus ideas y mis recuerdos. Me sentí una chiquilla, liviana, sin lastres, tan solo disfrutando de la compañía de un amigo. Fue un regalo aquella tarde, de veras. Pero luego que pasara, cuando ya te llevé a casa y volví a mi verdadero mundo, me di de bruces con la realidad que te contaba antes: la soledad. Porque además, por más que te ofreciera sin reservas mi amistad, tú nunca podrás ser mi amigo. No, al menos, en una relación de igualdad. Tal y como te dije, aquí me tendrás siempre si me necesitas, pero yo no puedo contar contigo de la misma manera. Y eso es una realidad que, de alguna forma, me ha hecho sentir vieja y no ha sido una sensación muy agradable…

                 •En los últimos cuatro años no me he permitido ninguna nueva ilusión, no he permitido que nadie entrara en mi corazón para revolverlo y hacer que latiera por lo que de verdad importa. Me he refugiado en mi trabajo, me he ilusionado con el autoaprendizaje y la creación, que realmente son cuestiones que me fascinan, pero también me he engañado a mí misma pretendiendo que esas ilusiones podían llenar lo que solo otros seres humanos y lo que compartes con ellos pueden llenar. Aquella tarde que compartí contigo me mostró la falta que me hace llenar mi vida de más momentos así y fíjate lo sencillo que fue: rooibos, frutos secos, una playlist estupenda y una copa de vino que animó mi espíritu de esa manera que solo la buena compañía extrae del vino. Sin embargo, eso tan simple es lo que llevo negándome todo este tiempo. Y, la situación que nos ha llevado a compartir ese momento, ha revelado esta carencia. No me arrepiento de haber vivido ese regalo, pero sé que no volverá a repetirse porque, como te decía antes, nuestra amistad es un espejismo y sería una necia si esperase lo contrario. 

                 •Y, bueno, en definitiva, todo lo que ha acontecido desde aquel whatsapp tuyo, ha abierto una herida que ahora sangra en el peor de los momentos. Porque justo ahora no puedo ponerle remedio, porque justo ahora no puedo salirme del camino que tomé, a tan pocos meses de enfrentarme a los exámenes. Pero lo cierto es que la sangre está manando con tal ímpetu que me deja sin fuerzas. Y daría lo que fuera por una mano amiga que me sirviera una copa de vino y que me ayudara a recuperarlas con una tarde compartida cargada de buenos sentimientos, sin hacerme sentir después que no era una falsa ilusión, pero no existe esa persona ahora, al menos, no cerca, no que pueda hacer lo que hiciste tú sin querer. 


         Pero aunque no existe esa mano, necesito las fuerzas para llegar al final, por eso, recurro a esta terapia personal. Reconocer lo que me está haciendo mal es el primer paso para poder dejarlo atrás, al menos, aplazarlo hasta un momento en el que pueda enfocarme en ello para solucionarlo. Necesito mis fuerzas para salir de las sombras, para darme cuenta de que ya he andado el camino, al mirar atrás y que del lodo nacen las flores más altas. 


        Voy a avanzar, porque retroceder no es una opción. Y avanzar en este momento supone dejar en el recuerdo la revolución que has provocado pasando por mi vida. Solo quiero, antes de hacerlo, dejarte mi ejemplo como consejo: por favor, persigue tus sueños, pero no dejes que tus sueños pisoteen tu corazón, no te conviertas en una isla pensando que sin más tierra podrás crecer. No pierdas tu humanidad en pos de un objetivo material, porque la felicidad no está hecha de sustancia tangible alguna. No la pospongas. Por favor no la pospongas.  

           Me voy a despedir ya, amigos. Espero haber conseguido, contando en voz alta mis pensamientos, cerrar este capítulo de mi historia para poder volver a centrarme plenamente en esta carrera de fondo que son mis oposiciones. Es, en cierto modo, una despedida de esa persona a la que me dirijo deseando que consiga todo lo que se proponga, pero sin olvidarse de cuidar su corazón. También es una declaración de intenciones que me hago a mí misma. Tras esta convocatoria no dejaré que nunca más algo material sea tan importante como para robarme la felicidad del amor y la amistad. Espero poder contarlo así en próximos capítulos en Batiburrillo. Os dejo con Lodo de Xoel López, que ha inspirado el título de éste. Un abrazo.


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