Si la amistad te ha traido por aquí, eres bienvenido para compartir mis momentos de tranquilidad, aquellos que podré dedicar a este diario, sin guión, ni intención.
Y si es el azar lo que ha hecho que aterrices con un click en este blog, bienvenido también: si llegaste y encontraste algo que te sirva, mejor.

domingo, 18 de marzo de 2018

AGRADEZCO (y una versión preciosa de una hermosa canción de refresco :) )

😜 La canción es para amenizaros la lectura...


Tal vez, de todo lo que me ha hecho reflexionar el curso de mindfulness que ya mismo clausuraremos, lo que más dentro se me ha quedado es una frase que se dijo de pasada uno de los días, pero que luego vi otra vez en un libro que alguien me regaló: DONDE HAY GRATITUD, NO HAY QUEJA.

Ya sabéis que yo reniego bastante de las cataratas de frases positivistas con las que se inundan las redes. Frases de célebres personajes sacadas de su contexto que a mí en más de una ocasión tan solo me han hecho sentir culpable por estar triste o enfadada o en cualquier estado que no sea el POSITIVO.  De hecho, es pensar en esto y ya me produce urticaria... 

Lo entiendo. O sea, entiendo a todo el que se para a reflexionar sobre algo que ha dicho o ha escrito alguien y hace que se encienda una luz en su oscuridad. Y comprendo que, entonces, le de a ese alguien por desear compartir ese momento de luz y, ¡hala! ¡Frasecita al Face! ¡Y si otros, como yo, no estamos en ese momento de clarividencia, que se la coman con papas! En fin, digo todo esto en tono jocoso, que nadie se ofenda. Seguid compartiendo lo que queráis. No voy a ser yo quien se muestre en contra de la libertd de expresión, ¡faltaría más!

Solo comentaba esto nuevamente porque puede parecer que hoy voy a hacer yo lo mismo. Supongo que en cierto modo sí, pero con matices: este es un diario personal donde me vuelco para mí misma. Aunque alguno me leerá, hay que tomarse esa molestia, mi reflexión no es un anuncio de neón sin un contenido posterior. Y, desde luego, lo que comparto es eso: MI  REFLEXIÓN, mi trabajo personal para tratar de ser mejor persona, porque, en definitiva, si me estoy esforzando por cambiar cosas de mí, no es por mi felicidad. Es cierto que consigo ser más feliz, pero esto es un "daño" colateral, mi primer objetivo no fue éste. Lo que quiero decir es que lo que me llevó a iniciar este reajuste es darme cuenta de que hago daño (y éste sin comillas) a las personass que más me quieren muchas veces por mi forma de tomarme esas veces la vida. Y, a ver, que quede claro que pienso que la cabra tira al monte, y yo soy muy cabra, pero bueno, pretendo ser una cabra que va al monte menos veces 😉.

Vayamos ya a mi frase de análisis: DONDE HAY GRATITUD, NO HAY QUEJA.

Supongo que estas palabritas se me han encajado en la mollera porque, si tuviera que elegir mi peor defecto, probablemente sería éste. Yo nací quejándome. Y muchas veces he dicho que si no me quejara tendría una úlcera de cómo me comerían los nervios, pero reconozco que a veces le podría causar la úlcera a otros con mis quejas. Así que, cuando escuché y leí esta frase, lo que me ocurrió, como tantas veces, fue que me sentí culpable. Culpable por atormentar a mis allegados con lo que para mí se ha convertido en algo rutinario, algo que he incorporado a mi forma de expresarme sin darme cuenta si quiera de que estoy quejándome. 

Llevo, a ver 😔, ¿a qué estamos?: 18 de marzo, unos 18 días trabajando de una manera consciente y plena en este asunto (¡¡toma mindfulnera que estoy hecha!!!). Si mi objetivo es eliminar la queja, me tengo que esforzar en cambiarla por graitud. Y eso es justamente lo que estoy haciendo. Se me ocurrió utilizar mi chachi-guay herramienta TIC de los muros virtuales para escribir cada día algo que agradezco, ya sea a alguien, al universo o a mí misma. Me resulta cómodo porque lo puedo hacer en cualquier momento desde el móvil y, como queda mono, le echo un vistazo con frecuencia solamente por ver lo mono que es, pero ya de camino, releo los mensajes que me voy dejando a mí misma, con lo que vuelvo a recordar todo aquello por lo que estoy agradecida. 

Lo que, en definitiva, estoy consiguiendo es recordarme constantemente todas las coas que tengo, en vez de centrarme en lo que no tengo y, poco a poco, no me queda otra que darme cuenta de que ¡SOY RICA!, y, hombre, ser rico hace feliz 😜. 

Al principio de empezar a agradecer, uno piensa en las cosas gordas: la familia, la salud..., en fin, cosas asi. Pero claro, cuando ya has dado las gracias por todo eso, y aunque lo repitas mil veces porque es importante, se hace necesario, básicamente para no morir de aburrimiento escribiendo el mismo mensaje, buscar en cosas más concretas, de lo que pasa cada día. Y entonces me doy cuenta de que mis días están llenos de mini-instantes de felicidad que trato de saborear para poder luego agradecer.

 Esto es todo lo que intento hacer cada día desde que empezó el mes. Creo que me estoy quejando menos y sonriendo más. Y, aunque la cabra tire al monte, me parece que también la controlo más en esos arranques y la vuelvo a llevar al prado, así que me voy hoy a agradecer a mí misma mi buen trabajo y me voy a dar un homenaje, que es domingo y ya he terminado de poner las notas y de corregir todas las tareas de mis alumnos. Voy a la cocina a meterle mano a mi próximo experimento culinario y luego me lo comeré 😁. 

Y, aunque es muy, muy personal, voy a insertar aquí mi muro de los agradecimientos, porque, ¡oye, también yo tengo mis momentos de luz!


Hecho con Padlet

jueves, 8 de marzo de 2018

A LAS MUJERES DE MI VIDA

Hoy es 8 de marzo. Se celebra en todo el mundo el día de la mujer. Un día para reivindicar los derechos de todas las mujeres, que no deben ser ni más ni menos que los de los hombres. Han habido manifestaciones por todo el mundo. En España se han hecho paros en los trabajos e incluso muchas de nosotras han hecho huelga. Y las que hemos ido a trabajar tampoco hemos estado al margen de lo que ocurría. Trabajando en un centro educativo con un gran espíritu solidario con el que me identifico, me he propuesto que esta jornada la dedicaría en parte a hacer un poco más intensa la labor que hacemos a diario: educar para que vosotros y vosotras, el futuro, seáis una generación mejor en este aspecto. Si los niños y jóvenes de hoy son educados en la igualdad y el respeto, espero (tengo mi fe puesta en ello) que no haya que reivindicar lo que hoy, aun estando ya en el siglo XXI hay que seguir luchando.
Además del aspecto reivindicativo, hoy también me he querido detener en el aspecto amable de este día, os he propuesto escribir mensajes dedicados a las mujeres que son importantes en nuestras vidas. Un pequeño detalle para hacerlas más felices, para recordarles que somos conscientes de su valor. Y para ello, he creado este muro virtual donde estáis dejando vuestros pequeños grandes gestos en forma de palabras.
A pesar de que el día 8 de marzo está tocando su fin, lo que significan estas maravillosas mujeres no termina a las 12 de la noche. Por eso, podéis seguir dejando impreso en este muro vuestro cariño cualquier día, a cualquier hora. Podéis incluso compartir el muro para que otros puedan también hablar de las mujeres de sus vidas. Sería hermoso que, al cabo de un tiempo hubiera mensajes de muchas partes distintas, tal vez de toda España, tal vez hasta de otras partes del mundo.
Bueno... tampoco pasa nada si nos quedamos aquí, ¿eh? Lo importante es que tu mensaje llegue a esa mujer importante en tu vida. Es más, se me ocurre que, tal vez, después de escribir algo bonito para ella, lo mejor, si puedes, es darle un abrazo, que seguro le gustará muchísimo más.
Gracias a todos (chicos y chicas) los que ya habéis colaborado y a los que lo haréis más adelante. Un besazo de ésta que suscribe, que os quiere a todos un montón.

Hecho con Padlet

domingo, 4 de febrero de 2018

DÍAS MARRONES

Seguro que ya lo he dicho más de una vez: ¡Me encantan los días grises cuando yo también estoy gris! Creo que me hace sentir menos culpable por no sentirme bien. No pega nada sentirse dolida, engañada, decepcionada, cansada, abatida, ya ni indignada, me levanto porque no queda otra, no es blanco ni negro, es solo marrón, en un día soleado. Es como si hasta el sol te pegara una hostia en la cara y te dijera también que tú y solo tú eres el responsable de tu felicidad, así que, mueve el culo.

Sí, en un día de nubes que anuncuian agua es más fácil dejar de sentir que tienes que esforzarte 24 horas más en ser positivo y creer que todo va a ir bien porque solo si piensas así conseguirás que así sea. Debes repetirte este mantra, porque funciona... Claro que repetir este mantra supone grabar subliminarmente en tu mente que lo contrario también funciona, ¿no? Vaya, que de no hacerlo así, estás codenado a ser infeliz toda la vida. Pues ya adelanto  que no es cierto, ¿eh? Podéis pintar de rosa todos los elefantes que queráis, pero los elefantes son grises. Tarde o temprano se les va la pintura.

Mirad, llevo unos meses sin anotar nada por aquí. Me doy cuenta de que cada vez espacio más mi visitas a este lugar que soy yo misma. Hoy me he dado cuenta de que no he acudido antes a este refugio porque sé que algunos, no muchos, pero sí los suficientes, me leéis. Y, como sabía que lo que iba a salir de este teclado no era nada nuevo, más bien tema repetido en más ocasiones de las que quisiera, me he autocensurado para no aburriros, pero sobre todo porque al pensar en comentarios posteriores, no me apetecía pensar en leer mensajes condescendientes, ni de ánimo, ni, aún peor, de esos que empiezan por un "deberías". Hoy, sin embargo, estoy por fin escribiendo porque este lugar, antes que para nadie, es para mí. Y me hago gracia, llevo unos meses haciendo un curso de mindfulness y lo único que he aprendido es que si lo que estoy haciendo allí es mindfulness, yo llevo haciendo mindfulness toda mi vida: Atención plena, no huir de las emociones, dejarlas estar, ser conscientes de ellas, de las agradables y de las desagradables. Sobre todo de estas últimas, que hay que reconocerlas y etiquetarlas bien, ¿por qué están ahí?, sin juzgar, sin culpar. Y meditamos para llegar a esta conciencia plena sabiendo que el objetivo no va a ser solucionar todos nuestros problemas, solo vamos a ser concientes de ellos y, tal vez, solo tal vez, así seremos capaces de gestionarlos mejor. Digo que me hago gracia, porque esto ya lo hacía yo cuando escribía mis diarios. Y cuando escribo aquí. Meditar no es algo que solo se pueda hacer adoptando una postura X, y cerrando los ojos durante un tiempo Y. 

Así que, ya os lo digo: hoy estoy meditando. No escribo para nadie, así que, si me leéis, os recomiendo que lo dejéis en este instante, que no se diga que no advierto. Incluso he pensado en anular esas notificaciones automáticas que os llegan a algunos a vuestros correos, aunque, luego lo he dejado estar, porque, me da igual, es más, pienso publicar esto en facebook, igual que he publicado los posts alegres, y los de tremendo cabreo. Si seguís leyendo y os aburro u os parezco repetitiva es cosa vuestra. Yo, quiero y necesito desahogarme. Y éste, siempre ha sido mi medio.

Estoy muy triste y tengo miedo. Tengo una rueda de las emociones ante mí, y éstas serían las
emociones principales que me embargan. No obstante, la tristeza y el miedo abarcan muchas más emociones que trato de identificar. Es espeluznante, porque creo que las tengo todas, o casi:
me siento sola, deprimida y culpable; ansiosa e insegura. Y si concreto más usando esta rueda, podría decir que me siento melancólica, vulnerable, ignorada, avergonzada, apática; preocupada, inútil y agobiada. 
Es estupendo nuestro idioma, ¿verdad? Tenemos tantos adjetivos para expresarnos que abruma. ¡Qué desperdicio cuando luego usamos tan pocos! Aunque enumerar todas estas emociones es un ejercicio absurdo, si no damos el siguiente paso que es llegar a tomar conciencia del porqué. 

Aquí debo decir que el cursor lleva un rato parpadeando a la espera de mi siguiente palabra. Y es que releyendo la retahíla anterior, la culpabilidad, aparece remarcada en neón en mi mente. ¡Me siento culpable! ¡Tiene huevos!  Me enfrento una vez más al estrés de unas oposiciones, a la certeza casi absoluta de que no voy a aprobar porque no estoy estudiando como debiera, y a vertiginosa incertidumbre que esto supondrá en mi situación laboral; me enfrento al duelo de una ruptura sentimental, que ha sido más bien una bancarrota en mi autoestima; me enfrento a diario a un malestar físico, que sin ser grave, no deja de impedirme hacer mi vida satisfactoriamente. En fin, nada del otro mundo, ya véis, más o menos lo que nos pasa a muchos. Pero no por ser males de muchos, son menos males. No por haber cosas peores, éstas no son importantes. Pero sí: me siento culpable.

Puedo asegurar que es un buen ejercicio escribir sin tener una idea clara de a dónde quieres llegar. Es el caso de este post, ya dije que hoy estoy meditando y, ni más ni menos, esto es meditar: hacer un viajito en solitario hasta la cara oculta de tu yo. Y en el camino he visto mi soledad, he saludado a mis preocupaciones, a mi cansancio, a mi malestar físico, me he parado ante todos ellos y los comprendo. Pero luego, luego he llegado a la culpa. Ésa es la que me enfada, no la comprendo ni la quiero comprender. Así que supongo que es a ella a la que tengo que dedicar esta entrada.

Me siento culpable por haber permitido que me destrozara el corazón una y mil veces. Me siento culpable por desperdiciar todo ese tiempo. Me siento culpable por seguir estando atada por no poder olvidar. Por no disfrutar de la vida. Por no ser optimista. Por no tener fuerza de voluntad. Por no pintar elefantes de color de rosa. A veces creo que me siento culpable de existir.

¿Sabéis? Empatizar está muy bien. Es conectar con el dolor ajeno  (e incluso con el propio cuando tratas de mirarlo desde fuera), pero después de haber conectado la empatía no sirve para nada. PARA NADA. Si después no hay COMPASIÓN, la empatía no sirve para nada. Y, ¿sabéis otra cosa? No se puede ser compasivo si antes no lo somos con nosotros mismos. 

Que quede claro que la compasión no es condescendencia. La compasión es amor. La compasión no es lanzar un "deberías" con buenas intenciones. La compasión es acompañar y brindar amabilidad.  La compasión es decir que puedes sentir como sientes que no vas a ser juzgado. 

Y dado que, en este mundo de mensajes en redes sociales en las que colgamos sonrisas profident, ocultando la pestilencia de nuestra basura, y precisamente por esto no encuentro ni un ápice de compasión real, sino un machaque contínuo de una obligación de falsa felicidad, no veo más camino que el de ejercitarme en la autocompasión. Sobre todo porque en esta meditación dominical , me he dado de bruces con lo que más me pesa. Esa culpabilidad, de todo lo que contiene mi tristeza, es probablemente lo que más daño me está haciendo. Así que, ¡ya basta! 

Hoy voy a autocompadecerme: La autocompasión es abrazarse el cuerpo para sentir que merece ser abrazado, es permitirme sentir como siento porque todo pasa, pero ahora me toca vivir esto. ¡Y no pasa nada! Estoy triste y tengo motivos. No va a durar siempre, pero ahora estoy triste y no voy a escribir en positivo. Voy a dejar que las nubes descarguen todo lo que quieran desaguar y voy a ver belleza también en eso. Porque sé, que luego saldrá el sol, y el cielo se verá más limpio. Pero eso será luego.

Hoy voy a deciros que no me déis vuestras recetas. Que yo he visto que no os salen bien los bizcochos con ellas en más de una ocasión. Que me alegro por vosotros cuando os funcionan, a mí también me han funcionado a veces, pero otras no, así que no me hablésis excátedra. No me contéis lo que tengo que hacer para estar bien. No me hagáis sentir más culpa, que para eso me las basto yo solita. Si no os apetece, no vengáis, pero si venís, no me hagáis sentir culpable por no ser una buena compañía. No voy a esforzarme por fingir otro estado en mis momentos de ocio, ya bastante tengo con hacerlo cuando estoy en el trabajo. Si estando contigo sonrío, ponte un diez, te lo mereces, y te aseguro que mi yo más profundo te estará eternamente agradecido aunque no te lo diga. Pero si no me salen más que quejas o llanto, date otro diez, porque lo merecerás aún más por estar junto a mi queja y mi congoja sin venirte abajo ni acusarme de ser la responsable de mi felicidad, sino de recordarme que yo sé ser feliz y lo he sido muchas veces, y mi yo más profundo te lo agradecerá mil veces más.  
No hace falta que estés, me gustaría, pero no es justo llevar a nadie a una pesadilla que no es la suya, y no soy la obligación de nadie, así que, de verdad no te preocupes, te voy a querer igual. Puede que ya me hayas escuchado esto antes, pero es que es la pura verdad. Pero no voy a fingir por ninguno de vosotros, no voy a fingir en mi casa. En mi casa, yo me quito el maquillaje y me pongo el pijama. 

Estoy triste. Es lo que hay.


jueves, 19 de octubre de 2017

ESCRIBO



Escribo. Escribo aunque no tengo ganas de volver a manchar la página en blanco con mis miserias. Pero escribo. Aunque el cansancio de lo ya vivido demasiadas veces pese sobre la tinta que derramo. Escribo, queriendo que nadie me lea para no aburrir. Pero escribo porque no encuentro mejor consuelo, porque no quiero que mis lágrimas se pierdan en la lluvia, porque no quiero que el olvido atrape para siempre mis recuerdos, aunque desee cada día que el olvido llegue para darme paz. Porque cuando todo se ha roto ya hasta el punto de las astillas, cualquier movimiento provoca que se claven como alfileres y se quedan bajo la piel hiriendo aún un poco más. Así que el olvido se me antoja un buen viento que limpiase, que se las llevara volando y podría volver a moverme sin temor a pincharme otra vez. Pero escribo, porque ese huracán no viene, y aunque viniera, de algún modo no quiero, no debo olvidar. Porque quien olvida está condenado a repetir sus errores. Y yo me hastié de recaer en los míos. Tal vez nunca creí de verdad que lo fueran. Tal vez, siempre, en el fondo, pensé que no había sido un error y que la perseverancia sería recompensada en un acto de justicia divina o algo así. Pero no. Ya no se puede mirar más al fondo y me doy cuenta de que todo ha estado podrido siempre. No hay nada que salvar. Si acaso, debo salvarme yo, a pesar de que me dé miedo pensar que quizás tampoco ya pueda, que tal vez, a lo peor, es demasiado tarde y esas astillas no puedan extirparse, porque se metieron demasiado dentro.

Quisiera ser más generosa y desear con el corazón la felicidad de quien provoca mi más profundo sufrimiento. Sin embargo, a lo único que puedo aspirar es a que el mismo olvido que anhelo para sobrevivir, sirva para  llevarse los malos sentimientos que me inspira su recuerdo. Quisiera que no me atormentaran los pensamientos negros que le dedico, quisiera poder dejarlo estar sin más porque sé que esta negrura revierte sobre mí. Pero no soy tan fuerte, ni tan buena. Siempre traté de ser justa, y no encuentro justicia alguna en su bienestar a costa de mi tristeza. Lo más que puedo hacer es arrepentirme al momento de desearle algún mal; pero el deseo vuelve una y otra vez, al mismo tiempo que mi llanto. Ése que no remite, con el que despierto de madrugada, que me corta el aliento.

Escribo. Escribo y confieso que me siento avergonzada. Porque tengo toda la culpa de estar escribiendo una vez más esta historia. Porque desde el principio sabía que acabaría así, por más que lo haya querido interpretar de otra forma. Volver a leer un libro no hace que el final vaya a ser distinto. Pretenderlo es absurdo. Y así me siento: absurda. Casi sin derecho a quejarme porque volví a tomar el camino equivocado y lo justifiqué y me inventé razones que nunca debieron ser. 

Pero escribo. Porque después de confesar y castigarme, necesito perdonarme. Tal vez si lo hago, consiga también perdonarlo a él, aunque a él eso le importe poco. Escribo aunque divague, aunque haya ratos en los que no entienda para qué, ni entienda si quiera lo que escribo. Escribo porque me siento perdida y, tal vez, piense que entre líneas pueda encontrarme. O, tal vez, deseo crear un laberinto de letras donde esconderme por un tiempo, como siempre, mi refugio, mi trinchera de palabras donde poder calmar mis acongojados latidos.

domingo, 1 de octubre de 2017

BIENVENIDA, TIZA...

Aquí me hallo... con un nuevo bichito al que cuidar que en menos de veinticuatro horas ya me ha robado el corazón. Mi hermanita me mandó un enlace con la historia de tres hermanitos que se habían quedado sin mamá y que necesitaban familia urgente. Y, aunque no me he atrevido nunca a introducir otro gatete en casa siendo mi Gea tan "especialita", esta vez, y a pesar de que había que ir a por él a Sevilla, me he liado la manta a la cabeza y ya está aquí.

Por ahora en espacios separados. Gracias a mi nueva terraza, más funcional gracias a las cortinas de cristal que me he regalado hace nada, y mi bendita puerta mosquitera, los tengo a cada uno en un lugar hasta que Gea se adapte a su olor, a su presencia y, en definitiva, a la nueva situación de que ella no va a ser la única que requiera mi atención. Anoche estuvo tranquila, hoy ha bufado un poquito más, pero espero que en los próximos días sea posible la integración de Tiza, que se quede con nosotras y que sepa disfrutar de su nueva compañía. Si no, ya sabe la tía adoptiva que tendrá que hacerse cargo de este amor de cachorrito que no para de ronronear cuando lo tienes cerquita de tu piel.

No hay mucho más que decir, por ahora, solo quería darle la bienvenida a la familia también en este cuaderno de recuerdos del que ya será parte. Mañana haremos la visita oportuna al veterinario y poquito a poquito, a ver si todo sale bien.


martes, 5 de septiembre de 2017

UN ADELANTO

Una vez más, que ya va oliendo a tradición, adelanto el regalo de cumpleaños a mi amiga Rocío. Y es que, ¿para qué esperar al catorce de septiembre, si se puede echar un rato a gusto de comida en tu terracita ahora que todavía hace buen tiempo? No vaya a ser que nos llueva...

Así que, yo llevo la piedra de asar, el objeto de regalo de este añito, Pepe lleva un vinito, muy rico, por cierto, y los anfitriones nos ponen por delante una carne exquisita que degustamos a buen ritmo, sin pausa, pero sin prisa.

Piscina para echar un rato con los niños y, de paso, refrescarnos, y conversación amena y a gusto, en el ambiente cálido que siempre proporciona estar entre amigos de siempre, de esos ante los cuales no hay que ir guardando la compostura.

Yo cada vez valoro más estos sencillos instantes. Una felicidad sin pretensiones, tan solo un rato en el que la mente no se ocupa de todo lo demás que nos machaca por las noches. Casi una felicidad que no se nota, pero, ¡cuánta importancia tiene! Por esta razón, aunque sean solo unas pocas líneas en este blog, escritas en la sala de profesores de mi nuevo destino, donde hoy estoy desocupada,un poco sin saber dónde meterme, debía dejar constancia de este domingo cualquiera, que fue un domingo especial. Porque vale la pena pararse un poco a recordar que momentos felices tenemos más de los que pensamos, porque vale la pena pararse a no dejarlos pasar sin darle su sitio. Probablemente, cuanto más nos empeñamos en colocarlos adecuadamente en las estanterías principales de nuestro corazón, menos hueco quedará en ellas para los que nos atormentan. Tal vez, estoy casi segura, en eso consiste ser feliz de verdad.

Feliz cumpleaños adelantado, Rocío. Y gracias por estar en mi vida un año más.


jueves, 17 de agosto de 2017

STARLITE: BEN HARPER

A veces debería morderme la lengua antes de hablar... Mejor no me preguntéis. Hay personas a las que conoces desde hace años, pero a las que nunca llega a conocer del todo. Lo que falta de información, lo completas con tu imaginación, y, a veces, la imaginación juega malas pasadas. Probablemente porque en otras ocasiones te han decepcionado, probablemente porque te han herido en más ocasiones de las que sería
oportuno... La cuestión es que ayer metí la pata hasta el fondo... Hasta el fondo. No obstante, tuve la suerte de poder enderezar el camino. No, sin duda, por mis propios méritos, se lo voy a tener que agradecer a Ben Harper. A quien reprochaba en ese momento, tenía entradas para ir al concierto, me quería dar una sorpresa... Así que, por no perderlas, aguantó el chaparrón, supongo. Aunque también porque, a pesar de todo, voy a tener que empezar a creer más en un cariño real, aunque extraño, a aprender que no todos sentimos con las mismas directrices. En fin... no voy a pedirle perdón, porque no soy la única que debe aprender del otro. Sencillamente, daré gracias por poder expresar mis angustias, que mil veces prefiero quedar como una tonta y no llevar razón, que hacerme mala sangre con retorcidos pensamientos. Gracias porque dejó que el incómodo momento pasara y sin embargo,  no rechazó un sincero abrazo y mil besos que derramé en sus labios porque, aunque no estemos siempre de acuerdo en cómo, siempre estamos de acuerdo en queremos.
Arreglamos el día, y la noche fue sushi y luego el concierto. Fue un acústico increíble. A veces creía que eran caricias y no música lo que ese hombre arrancaba de su garganta. Y, de vez en cuando, una mano sobre la rodilla para recordarme que seguía a mi lado. No fue un sueño.