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miércoles, 7 de enero de 2015

SE FUERON LOS REYES

Pasó ya la estela real, una noche para no olvidar, una mañana en la que estrenar alegría, todo un día para sonreir y no querer que pasen las horas, pero las horas, como ya sabemos, se van. Y luego, tras mis últimos sueños cobijada entre los almohadones que aún guardan el perfume de los momentos de la Noche de Reyes, suena el primer despertador de la vuelta a la rutina. Afortunadamente todavía cuento con este día, hasta mañana no vuelvo al trabajo, hoy solo debo volver al pueblo que me acoge por unos meses más. No quiero demorar la partida porque es mejor llegar pronto, retomar sin prisa el contacto, adaptarse, ya sabéis... pero me he levantado temprano para poder despedirme con calma de lo mío. 

Y merece la pena madrugar para recibir el regalo diario de los amaneceres sobre el mar. Hago por
última vez mi paseo habitual en estos días. Espero encontrarme mientras camino con el momento mágico en el que se rompe la noche, pero hasta que llegue, la Luna del alba, plena de blanco ilumina mis pasos ligeros. Como cada día comparto mis pensamientos con las espigas del camino, ellas que siempre se dejan acariciar por mi mano, esta mañana temprana me dan la espalda, seguramente debido a una natural fototropía, sin embargo, a mí se me antoja que hoy me muestran su enfado por mi marcha y por eso se doblan flexibles alejándose de mí. No os preocupéis, me sorprendo diciéndoles, volveré. Y sonrío por la estupidez de
mi conversación, como si ellas realmente me pudieran entender. Pero me acerco y las toco una vez más hasta que noto y agradezco el cosquilleo familiar.

Tan solo el mar sigue inmenso y calmo como cada día que lo he visitado, él no muestra hoy enfado alguno y me recibe con la misma paz que el día que llegué, él no teme mi partida porque me sabe suya y no alberga ninguna duda de que, pase lo que pase, volveré. Solo parece decirme: "Tranquila, aquí me tendrás". 

Y mientras, los minutos han pasado y los colores del despertar de fuego ya se cuelan entre las
apacibles nubes, ya  se derraman dorando la inmensidad azul. Aún queda tiempo para contemplar el milagro, aún queda tiempo para impregnarme de este amanecer salado, para llevármelo, para conservarlo, para sentir su fuerza hasta que pueda regresar.


10: 30 am. Inicio el viaje de vuelta a Sanlúcar la Mayor. No hay nada como pasar unos días en casa para retomar con ánimos el trabajo.

Han sido unas Navidades extrañas, pero tras los agobios de ciertos momentos, siempre se tiene la opción de mirar el lado bueno de las cosas, y, en fin, creo que lo he hecho.

Me quedo con este propósito. Aunque no prometo no agobiarme antes en otras ocasiones, cada cual siente como siente, eso es bastante difícil de cambiar cuando de reacciones espontáneas se refiere, pero, por suerte, somos algo más que primeras reacciones.

Gracias a los que me aconsejáis sabiamente, a los que me aguantáis, a los que comprendéis,  a los que perdonáis. En definitiva, a los que me queréis. Sois mis mejores regalos de Reyes.