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domingo, 24 de abril de 2022

LA LLAVE DEL COCHE

Dicen que para cada refrán hay un contrarefrán, por ejemplo, para "A quién madruga, Dios le ayuda" estaría "No por mucho madrugar, amanece más temprano". 
 En esta ocasión (y otras muchas por el estilo), me acojo al segundo... Decidan ustedes si no:



Hará como una semana, más o menos, fui con mi familia a comer. Como suele ser habitual, yo voy a casa de mi madre con mi coche y, una vez allí, nos juntamos todos en uno para ir donde sea. Esta vez, el coche usado para el desplazamiento fue el mío, pero cedí gustosamente a mi cuñado el manejo del vehículo. Así fue como pudo notar que a las ruedas de mi coche les faltaba presión y me lo comentó soltando un chascarrillo: "Oye, ¿en Benalmádena cuesta mucho el aire?". "Ja, ja (le contesté), si te digo la verdad, llevo días diciendo que tengo que parar en una gasolinera y es que no me da la vida, cuando me acuerdo no es el momento...".

Pues bien, esta mañana, por fin, era el momento. Domingo, me he levantado muy temprano, no estaba lloviendo... Me he dicho, "pues venga, te pones las mallas, coges agua y te vas a dar una buena caminata de dos horas por el paseo marítimo, pero antes, paras en la dichosa gasolinera y le pones aire a las ruedas, que un día de estos te pasa algo por dejada".

Pues me he puesto las mallas, he cogido el agua y he tirado para la gasolinera... 

Tenía 2 euros y la máquina funciona con monedas de uno, así que antes de proceder al ejercicio de agacharme, quitar los tapones de las válvulas y enganchar la manguera del aire, he pasado por la caja a que me cambiaran el dinero. No me imaginaba yo en ese momento que las amables chicas del turno iban a convertirse en "amigas del alma".

Vuelvo al coche, abro la puerta del copiloto que me quedaba más a mano de la máquina y en el acto más estúpido de todo lo que llevamos de año, echo la llave al asiento para que no me estorbara mientras inflaba las ruedas contra reloj (con un euro tienes 5 minutos de aire, que si lo piensas, tiene huevos que te cobren por el aire) y cierro sin más la puerta, quedando yo fuera con el euro en la mano. 

No he terminado de agacharme cuando, de repente, escucho, "clack, clack", el inconfundible sonido del cierre automático de mi coche. "¡Ay, no, no puede ser, si no le he dado a ningún lado! ¿Cómo puede cerrarse solo el coche?".

Pues sí, se me ha cerrado el coche con la llave dentro. La llave, el teléfono, el dinero, vaya, un completo.


Adiós al domingo tempranero que me iba a servir para hacer ejercicio y relajarme. Un calor súbito me ha subido desde las entrañas hasta la cabeza poniendo colorada mi cara y acelerando el corazón. Como yo soy una persona tranquila y serena, NO he entrado a la gasolinera hecha una histérica, ni me he puesto casi a lloriquear diciendo que tenía un GRAVE  problema, un PROBLEMA  muy gordo. Como soy tranquila y serena, simplemente me he tomado el incidente como lo más gracioso que podía pasarme en la buena mañana de domingo en la que, por madrugar, Dios me estaba ayudando. 

En fin, los que ya me conocen habrán apreciado el sarcasmo de mis anteriores frases. Lo cierto es que hecha un nervio le he contado a las chicas de la gasolinera lo que me había pasado y que, además, por haber dejado el teléfono también dentro del coche, no tenía a quién avisar, porque esto es una realidad: ¿Quién se aprende ya los números desde que tenemos la lista de contactos? Yo no.

Mis compañeras de fatiga que, por cierto, se merecen un cachito de cielo por calmarme y acompañarme los casi 90 minutos que ha durado la tragedia, se llaman Alicia y Virginia. Virginia ha sido la que estaba en la caja cuando he reaparecido con las manos en la cabeza advirtiendo del problema. A Alicia le he estropeado el desayuno, que en eso estaba cuando he llegado temblando por el espanto de mi torpeza.

Virginia me ha dicho que lo único que se le ocurría era romper un cristal, que ella tenía un "aparatejo" que servía para eso y que si quería me lo prestaba. Supongo que ésa hubiera sido la opción en caso de no haber podido solucionar la cosa de otra manera, pero supongo que, a pesar de mis nervios, el sentido común me estaba diciendo que le diera una oportunidad más a mis neuronas, que para algo estaban ahí arriba (concreto ubicación: me refiero al cerebro). O, tal vez, porque sé por experiencia que romper el cristal de un coche no es tan fácil como parece, que ya tuve otra como esta con mi antiguo Hyundai. (Supongo que se preguntarán "¿cómo habiéndole pasado algo así en el pasado se ha vuelto a dejar la llave dentro?". Bueno, la cosa fue diferente, el primer coche tenía pestillos de esos en barrote y, sin querer, le di justo cuando cerraba la puerta, en este caso, nunca pensé que pudiera pasar porque mi Toyota no tiene esa clase de pestillo y por tanto ese incidente era imposible que pasara, ¿vale? Lo que pasa, listillo/a es que , al parecer, el Toyota tiene un sistema de seguridad exquisito que si te dejas el coche abierto, al cabo de un rato, se cierra. Que ya les digo yo que esto para mí es nuevo, pero todos los días se aprende algo, supongo otra vez...).

Bien, Alicia seguía calmándome y diciendo por las dos que debíamos seguir pensando. A ver: si no me

acordaba de ningún teléfono (que yo sabía que en casa de mi madre había una copia de la llave del coche), podíamos llamar al seguro... Pues lo siento, pero con el bloqueo de la puerta también se bloqueó mi córtex frontal, que por más que me lo estaba estrujando no era capaz de acordarse de la compañía de seguro con la que tengo el contrato. Esto es bueno, ojo, eso significa que no he tenido que dar un parte desde hace muuuuchooooo tiempo. Así que, a una de las chicas se le ocurre que podemos llamar a la policía local, que pa eso están , pa atender al ciudadano, ¿no? 

Mientras que decidíamos llamar, una de las chicas (ya no me acuerdo cuál) dice que a lo mejor la policía puede dar con mi compañía de seguro. ¡¡Claro, seguro que sí!! Y, oye, aquello ya empezaba a pintar a solución, mejor que andar rompiendo el cristal, que es pan para hoy y hambre para mañana.

Efectivamente, la policía me proporciona el teléfono de mi compañía de seguro, la cual comprueban con el número de mi matrícula. Llamo a la compañía, informo del incidente y me advierten que mandan a la grúa, pero que si el sistema de seguridad de mi coche impide que el operario pueda abrirlo con las herramientas que suelen usar para tal fin, la otra opción es enviar un duplicado de la llave pero que esto puede excederse de lo que cubre el seguro tocándome realizar un copago que no sabía indicarme muy bien a cuánto ascendería. En ese momento, lo importante era abrir el coche, ya me preocuparía por el dinero, pero  les aseguro que me ha venido a la cabeza el chascarrillo de mi cuñado, "¿En Benalmádena cuesta mucho el aire?" Ja, ja.


El operario estaba ya de camino, tardaría unos 40 minutos. En el transcurso de ese rato, una patrulla de policía acude a la gasolinera para interesarse por el asunto tras la llamada realizada a la comisaría. Salgo con ellos hasta donde mi coche estaba aguardando el aire para sus ruedas y allí se quedan conmigo, ya bastante más tranquila, rememorando la estupidez supina que había cometido y mirando desde la ventanilla la llave y el teléfono encima del asiendo, tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Se me ha antojado que entre los objetos de deseo estaba teniendo lugar una jocosa conversación mofándose de su propietaria, pero esto es tan solo mi mente fantasiosa que le da por ahí en este tipo de situaciones. 

Uno de los polis me comenta que lo de abrir la puerta va a ser bastante improbable, que el tiene un Toyota y bla, bla, bla. Así que ya me voy haciendo la idea de que habrá que romper el cristal y comenzamos a darle vueltas a ver qué cristal deberíamos romper para hacer el menos daño posible. Y, mientras estábamos en esto, el otro poli va y dice, "bueno, podemos ver si damos con el teléfono de tu hermana". Me preguntan si vive en Benalmádena, a lo cual contesto que no, y me dicen que si estuviera empadronada aquí sería fácil acceder a su teléfono. Entonces, digo, "bueno, pero vive en Málaga, entonces la policía de Málaga la puede localizar, ¿no?". El poli, que también ya es mi "amigo del alma", dice, "vamos a intentarlo". Toma los datos de mi hermana y los míos y llama a la Policía local de Málaga para hacer la petición. 

Los policías se quedan conmigo un rato más, pero tienen que ir a otro servicio, así que quedo a la espera de recibir noticias suyas si consiguen el teléfono de  mi hermana, a través del teléfono de la gasolinera. 

Ellos se van  y yo vuelvo junto con mis amigas a esperar al operario de la grúa del seguro o a la llamada de la policía. Seguimos riéndonos de mi suerte y contando anécdotas para echar el rato. De repente, suena el teléfono. Virginia lo coge y habla con alguien. Cuelga. Era mi hermana, que viene con las llaves de repuesto desde Málaga. 

¡Olé! ¡Qué felicidad! A continuación llega el operario y le tengo que explicar que mejor voy a esperar a la llave. Él me dice que si quiere me abre la puerta y me explica el mecanismo para hacerlo, pero, como es natural, eso va a suponer un daño al coche, así que le digo que espero y que, si por lo que sea, tuviera algún problema volvería a llamar a la compañía.

El tiempo de espera hasta que ha llegado mi hermana se me ha hecho infinito, pero, por fin, ha llegado con mi cuñado subidos en una pedazo de moto, que parecía que me estaba rescatando el llanero solitario. La pobre me cuenta el susto que se ha llevado al recibir la llamada de la policía de Málaga, realizada a instancias de la policía de Benalmádena, que claro, como no empiezan diciendo, "tranquila que no ha pasado nada grave...", pues nada, hasta que no le han detallado el motivo de la llamada, le iba a dar un síncope (bueno, menos que el mío al cerrárseme la puerta, que mi hermana sí es una persona tranquila y serena, sin sarcasmo).

La llave de repuesto, en un  pis pas, ha resuelto el entuerto. Y a mi cuñado, evidentemente, no he podido
por más que decirle que la culpa de todo es suya por haberme llamado la atención sobre la falta de presión de mis ruedas la semana anterior. Evidentemente, esto se lo he dicho entre risas, interprétese como una broma. Lo que si les he dicho en serio es que estoy muy agradecida de que hayan podido acudir a resolverme una vez más uno de mis pequeños desastres cotidianos. 

En realidad, estoy muy agradecida a ellos, a mis chicas gasolineras, a los polis y al operario de la grúa con el que también me he echado unas carcajaditas. Al final, ha sido una mañana muy divertida y, por supuesto, tras todo el lío, me he ido a andar disfrutando del sol y del mar. 

Así que, volviendo a los refranes y, teniendo en cuenta que si no hubiera madrugado, con toda seguridad hubiera dejado lo de poner aire para otro momento, ¿ustedes que opinan: el primero o el segundo?

Ahora que he terminado la historia con la cual llevo sonriendo todo el rato, yo ya no lo tengo tan claro como al principio...

Por cierto, por si alguien se lo está preguntando: Sí, las ruedas de mi coche ya tienen la presión adecuada. No se piensen que me iba a ir de allí sin ponerle el aire después de todo.

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