Si la amistad te ha traido por aquí, eres bienvenido para compartir mis momentos de tranquilidad, aquellos que podré dedicar a este diario, sin guión, ni intención.
Y si es el azar lo que ha hecho que aterrices con un click en este blog, bienvenido también: si llegaste y encontraste algo que te sirva, mejor.

sábado, 13 de diciembre de 2014

VIENTO DE CAMBIO



Llueve, hace frío, es fin de semana y no tengo ningún plan… bueno, debería estar estudiando inglés, claro, pero eso no se puede considerar un planazo, precisamente.
La cuestión es que tengo el ánimo del mismo color del cielo, un gris plomizo, igual de pesado que el mismo metal.  Sin embargo, después de haber tenido la tentación de dejarme llevar por estas malas vibraciones meteorológicas, he decidido hacer frente al asunto y, después de limpiar la casa, poner  una lavadora, pegarme una buena ducha de agua caliente y haber ingerido no pocas, pero sanas calorías, me siento bastante mejor y así me he sentado ante el ordenador a pensar sobre este año que ya pronto llegará a su final.
Otra vez llegan esos días en los que las calles se engalanan de luces, las casas de arbolitos navideños y belenes, y en todos parece brotar la necesidad de ser felices y manifestar los mismos deseos de felicidad para los demás.  Quizás sea el exceso de glucosa en sangre que tano manjar festivo produce lo que ocasiona tanto empalago de buenos sentimientos por todas partes, no lo sé.  Yo sigo pensando, como cada año, que preferiría que nos preocupáramos más de nuestro prójimo el resto del tiempo, que son once meses, a que solo se nos llene la boca con deseos fatuos durante un mes en el que, además, muchos tan solo piensan que se trata de comprar regalos con los que demostrar el cariño.
En fin, supongo que más vale esto que nada, y supongo que hay que dar gracias de que exista este periodo del año que, al menos, sirve para que muchos podamos regresar a casa y estar con la familia, con los amigos, o sencillamente disfrutar de tus paisajes, de los olores de tu hogar.  Así que, también yo, supongo, este año acabaré por coger el teléfono y mandar mensajes navideños ñoños. No obstante, en este blog, que es mi pozo de desahogo, escribiré sin hipocresía, como siempre lo hago.
Me enorgullece decir que independientemente de la época del año, aquí he vertido palabras de sincero amor hacia las personas que llenan mi corazón. He agradecido los momentos que me han brindado y que me han llenado de felicidad, y he hablado con el pecho henchido de orgullo de lo importante que es  esta o aquella amistad y que nunca olvidaré lo que significan para mí. Con la misma honestidad ha quedado por escrita mi promesa de estar siempre para ellos, porque así entiendo yo la amistad.
He releído con el tiempo, palabras mías hacia personas que después me decepcionaron de tal manera  que desgarraron profundamente el tejido impalpable del que está confeccionado el alma. Puedo mirar hacia dentro y ver las cicatrices de cada herida, puedo ver aun sangrar las más recientes que no han podido ser todavía cerradas por el devenir del tiempo. A veces, por un momento, me avergüenza haber sido tan ingenua; me pregunto cómo pude ser tan estúpida para creer que aquella persona merecía mis atenciones, mi preocupación, mi tiempo… pero luego de ese instante, lo cierto es que no me siento mal. Lo cierto es que me siento satisfecha de todo lo que sentí, di, dije y amé. Me siento bien porque yo no dañé, yo no herí, yo no mentí… Ésa no fui yo. Así que puede que haya quedado maltrecha a veces por darme cuenta de que alguien no es como yo creía que era, puede que me haya secado a veces de tanto llorar, pero nunca me he tenido que reprochar haber fingido un afecto y, por eso, ninguna de las letras que haya escrito provocará jamás en mí rechazo alguno.
Ahora que, confieso que nunca he llevado bien eso de poner la otra mejilla. Con los años he aprendido a apartar de mí cada vez con mayor prontitud, las cosas que me causan dolor, visto el luto y lloro mi pena, me la permito por unos días, pero no más de lo estrictamente necesario porque nadie, absolutamente nadie que me haya hecho daño merece que yo gaste mi energía lamentando su pérdida.  Perdono, ésa es la clave para no dejar que te envenenen las traiciones. Perdono, pero no olvido, porque las veces que he querido olvidar solo han servido para volver a caer.

Puede que incluso con el debido tiempo de por medio sea capaz, como me he demostrado mil veces, de volver a tratar con cordialidad a aquellos que una vez no trataron con el suficiente respeto mi amistad, pero nunca recuperarán aquello que tenían de mí.  Puede que no les importe, incluso que nunca lleguen a saberlo, pero yo sí lo sé… y en el fondo,  creo que ellos también.  No puedo desearles una “feliz navidad”, no me sale, lo único honesto que puedo decir es que espero que a cada cual la vida dé lo que realmente merece para cada parcela de su existencia. 
Éste ha sido un año de reencuentros así que sé bien de lo que hablo. La mayor parte de las veces han servido para ratificar esto que escribo. Ha sido agradable volver a hablar con algunas personas que una vez significaron mucho para mí, me he alegrado de comprobar que no hay rencor alguno en mis sentimientos y me he dado cuenta de que alguna huella dejé cuando me hicieron creer que nada importé. Ha sido bueno saberlo, pero también me di cuenta de que jamás volverían a ser parte de mí, excepto de esa parte que es el recuerdo.
Envuelta en este halo de sabiduría que da la experiencia, también ha sido un año para festejar una amistad en concreto, para ensalzarla, para regocijarme de ella… y al final, para equivocarme. Esto es lo que tiene ir cuesta abajo y sin frenos, que te embalas… Os aseguro que me ha partido en dos, aunque también en el fondo, lo sabía; lo sabía porque ya una vez ocurrió. Éste es el caso de confundir el perdón con el olvido… no hay que olvidar.  Nunca más cometeré este error.  Aun así, no me arrepiento de nada, ya lo he dicho, puede que su amistad fuera una patraña, pero la mía no. Así que, yo he perdido algo que en realidad nunca tuve, pero él sí ha perdido algo de gran valor por no saber cuidar su posesión.

Y, para finalizar, me dispongo a concluir el año dejando atrás los reencuentros y aspirando el aire nuevo, el viento de cambio que está llegando como los villancicos, como los polvorones y como el turrón: por Navidad.  Un viento que no sé bien dónde me lleva, pero que en fondo da igual, lo importante es que, a pesar de todo, sigo teniendo ilusión por dejarme llevar…

domingo, 30 de noviembre de 2014

VIERNES EN TACONES



Para la noche se engalana y su cuerpo se arquea  y se contonea más femenino sobre su punzante tormento, mas es un barato precio, piensa, si sirve para caminar segura ante las miradas del deseo, para jugar con él en cada baile. Dolor en cada paso, pero triunfo en cada giro. Luego, más tarde, lejos, ya entre dos, ya en la penumbra de las velas, ya con solo melodías de latidos y respiraciones, él  se aproxima. Percibe el cambio de escenario con agrado y se deja llevar al segundo acto, despacio. Ella sonríe tranquilamente exaltada, anticipando el nuevo diálogo, esta vez de piel, seguro, esta vez de tacto. Un suave pero firme beso le embelesa los labios. Cierra los ojos para beberlo mientras su espalda se estremece ante la mano que la recorre, la mano que la atrae aún más cerca, que luego la invita a sentarse. Le agradece sin palabras el gesto, porque aún no han dejado de doler aquellas espadas en sus pies. Sin dejar de embriagarla con su epicúrea mirada, él se postra ante aquellos bellos torturadores. Una vez más con suavidad, con antiquísima gallardía, toca su pierna, buscando bastante más arriba de la rodilla, subiéndole un poco su ligero vestido; sensual, desliza sus dedos  por debajo de la liga y desnuda con lenta maestría la piel templada bajo la media hasta llegar a la pantorrilla. Solo se detiene para inclinarse y besar por un segundo, la parte baja del muslo, luego, por fin, sus manos alcanzan al verdugo. Con la misma calma sin pausa, desabrocha el genésico zapato de tacón de infarto. La libera de su opresión y a ella se le escapa un suspiro de alivio y deleite cuando, ya excarcelada del calzado,  él la hace apoyar el pie en su regazo, termina de quitarle la media y masajea con delicadeza el sufrido empeine. Repite el ritual con la otra pierna y ella se entrega a aquella recompensa  con total y absoluto placer. ¡¡Le daría el mismísimo astro plateado en ese instante si él se lo pidiera…!!

(Alguno hay que valora la osadía de la mujer subida en tacones y sabe aprovechar esta esclavitud autoimpuesta para crear un momento de sensualidad, ahora que, yo, estos, no me los vuelvo a poner hasta que se me olvide el tormento, jajaja).

domingo, 16 de noviembre de 2014

A HARD DAY´S NIGHT, y algo más...

Una algecireña de origen bereber, dos malagueñas y dos sevillanas... un concierto de un tal Rojas que a mí ni me sonaba y la excusa de un cumpleaños que celebrar. Resultado: una noche divertida y sobre todo, un reencuentro muy esperado por mi parte.

A veces ser profesora te regala la fortuna de conocer personitas que pronto se convierten en grandes tesoros. El curso pasado en el que tantas vueltas di, tenía para mí reservada una de estas perlas. Es increible cómo en el corto espacio de tiempo que supone un mes y medio puedes encajar tan bien con alguien y saber además que, a pesar de la distancia y de la diferencia de edad, posiblemente compartáis muchos momentos. 

Por cuestiones ajenas a mi voluntad la visita ha tenido que ser aplazada un par de semanas, pero ayer ya nada impidió que nos reuniéramos. Dormir no hemos dormido mucho, pero hablar... eso por los codos. Y además ha dado tiempo de todo: baile, turismo, cenita, sendero y hasta un par de horas de estudio (bueno, en cuanto a la productividad de esas horas mejor no hablar, pero la cuestión es la cuestión: nos pusimos con la mejor de nuestras intenciones).

Las fotografías de este post servirán para recordar unos momentos divertidos, los primeros, que no los últimos que pasemos mientras que dure este destino. Mis  palabras, breves esta vez, guardan, no obstante, un cariño que no se puede medir. Una cosa más que agradecer a los Beatles (y a nuestros padres ;P ). Sirva también este pequeño vídeo como regalo de cumpleaños. ¡¡FELICES 364 DÍAS MÁS!!


viernes, 7 de noviembre de 2014

NUEVA ENTREGA DE LUAN. Cap 7: ¡APRECIO!

Hacía mucho tiempo que Luan no frecuentaba su espejo. ¡Casi siete meses! ¡Ya era raro! Bueno, no me alegro mucho de que lo haya hecho esta vez, hace siete meses lo que vio en él reflejado fue más divertido. No obstante, me alegro de que Luan tenga compañero tan fiel.

Para los que seguís a Luan a pesar de las conscuencias:

 CAPÍTULO 7: ¡APRECIO!

viernes, 31 de octubre de 2014

OTRA VEZ EN BLANCO...

Se van, impasibles, sin mostrar compasión. Se van, pero antes se pasean alrededor, burlándose, mofándose. Se ríen al pasar, se van, pero no lo hacen en paz, dejan tras su rastro la angustia, preguntas, pasiones, deseos y lamentos, ideas, ilusiones, reproches, preguntas, ¿ya lo he dicho?, bueno, es que siempre hay algunas más; y cuando acaban, las preguntas, digo, vuelven para asolar nuevamente, para devorar, para devorarme por dentro, hacia dentro, hasta dentro... 

Se van por más que trate de retenerlas, por más que suplique que se queden, y cuanto más me quejo, cuanto más lloro su marcha más rápido se alejan, se pierden, pero les da igual, solo siguen su camino aunque no tengan destino, sin objetivo. Se pierden sin más, sin ningún provecho. ¡Qué desperdicio! 

Casi me rindo, después de tanto luchar por atraparlas sin ningún éxito, por fin el agotamiento me vence, casi, pero todavía, desde el abismo de donde jamás regresan, lanzan su grito acampanado una vez más, para que no caiga del todo, para que no me consuele el sueño, para que aumente mi angustia por la aurora, para que no olvide que se están yendo, para que continúe lamentando que luego vendrán otras, las del día después de esta noche insomne, las que desearé no tener que pasar, que también me torturarán, éstas NO queriendo irse, haciéndose eternas, golpeando su tic tac en mi cabeza hasta creerme enloquecida. 

Minuto a minuto, segundo a segundo, inexorablemente, las horas se van.


(¡Menuda siesta voy a tener que darme mañana! Son las cuatro y media de la madrugada y mi desperador ha de sonar a las siete...¡Voy a morir!)


miércoles, 22 de octubre de 2014

CON MIS PASOS

A lo lejos, alrededor, todo parece desarrollarse a cámara lenta, desean, ellos, los detalles, que los perciba sin perderme ninguno, parece que esperan que me acerque para terminar de producirse. Mi sombra, mi cómplice alargado, que lo es más y más a cada paso, me mira cuando yo la miro y aunque no puedo ver sus ojos sé lo que siente, lo sé aunque a veces quiera quedarse detrás. Ahora está ahí, justo detrás y las dos, sin pararnos, ella y yo, sentimos la brisa caliente, nos ha atrapado, nos abraza por un instante y nos rebasa, ahora abraza lo que hay por delante. Arranca un puñado de hojas de un arbusto y ellas caen, es que es otoño, aunque hoy el otoño esté jugando a esconderse. Las hojas, ocres, desprovistas ya de vida, se desprenden, tranquilas, sin traumas, flotan, se alejan suavemente sin lamentarlo, igual que, pienso, mis sueños, se desprenden y se alejan porque es otoño aunque aún sienta el calor en la piel, aún. El calor no engaña al viento del otoño, ni a las hojas que saben que han de dejar de vivir, ni a los sueños que no deben ser más que eso, sueños.

sábado, 18 de octubre de 2014

BURBUJAS DE SENSUALIDAD



 La música siempre nos hace sentir, aunque nunca antes la había sentido así. Cada tema un regalo que ha sido, al final, una travesía inolvidable. Gracias por este  viaje inesperado.

"Escucho el gorgoteo dentro del cristal mientras el vapor se abre camino impregnando con su sabor mis sentidos. Cuando me aclimato a la extraña realidad que descubro, pasa la inquietud y me acomodo sobre él. Recuesto mi cabeza sobre su pierna, mi boca deja de hablar para que hablen los besos, dejo de oír el ruido para empezar a escuchar la música y cierro los ojos para mirar con la piel. Dejo que esa música se haga grande, inmensa, que se despedace en mil sensaciones que penetran por cada poro entre él y yo.

Sus manos se aprietan en torno a mi cuerpo, como si yo fuese el instrumento del que tuvieseque extraer esas notas, ese timbre, tal y como él las está percibiendo. Mientras, yo, en cambio, transformo el ritmo y la melodía en danzas que solo yo imagino, a veces melancólicas, otras alegres, ligeras como nubes o con la fuerza de la crudeza. Vuelo. Lo siento todo fuera de mí como si estuviera ocurriendo muy lejos. Sin embargo, todo ocurre con una intensidad inaudita justo dentro.

Su voz me devuelve al tiempo. Lo escucho, sonrío y un segundo más tarde vuelve a acompañarme al infinito. Me acompaña en silencio y deja que sea feliz para mí.



De pronto, los bailes de mi cabeza mueven mis pies. Primero siguen el ritmo sin levantarse, pero la necesidad los hace abandonar el recato y, por fin, convencen a mis caderas, a mis manos, que se unen en lo clandestino, allí bailan mis dedos. Los suyos se les unen en esa cálida sala de baile. La música retumba en mi vientre. Me rindo ante ella, me rindo ante todo. Definitivamente deseo levantarme y bailar. Bailo ante su mirada atenta pero mis ojos continúan cerrados. Yo sigo contorneándome egoista, solo para mi disfrute. No controlo mis movimientos, no los estudio, no los decido. Solo vuelo a pesar de no dejar de rozar el suelo.

No hay de qué preocuparse. No lo abandono. Pronto mi boca también desea danzar en él. Lo hace rítmicamente, delicada, pero demostrando firmemente que anhela acompañarlo. Nos acompañamos en ese Universo paralelo que hemos creado donde la materia y la energía no son más que pura sensualidad."

lunes, 6 de octubre de 2014

DE SANLÚCAR A SANLÚCAR Y, A LA VUELTA, MATALASCAÑAS...



Otro fin de semana de diez, y aún o ha terminado. Aprovecho un rato de relax en casa, mientras que mi visita trastea con su teléfono y formatea el mío antiguo.  Dentro de un rato iremos a recorrer el pueblo y a tomar unas tapillas, “a la fresquita”, que aunque estemos a cinco de octubre, ¿quién dijo otoño?, este fin de semana vuelve a ser agosto en el occidente de Andalucía.

Y así debía ser, claro; que el viernes tenía intención de coger coche y ya sabéis de mi animadversión a las carreteras que no conozco, así que la lluvia no era bienvenida y, como buena chica obediente, atendió a mis órdenes y se quedó en algún otro lugar (creo que escuché que en Granada diluvió…).
Así pues, minutos antes de que sonara el timbre para avisarnos a profesores y alumnos de que la parte laborable de la semana concluía, y antes de que la jauría de chiquillos asaltara el patio de camino a la salida del instituto, yo arrancaba  mi cochecito y tomaba, feliz, rumbo a Sanlúcar de Barrameda. 

Cuatro años y medio más o menos hacía que no volvía allí. Ahora, la escusa de visitar a un buen amigo en su convalecencia me ha brindado la oportunidad de reunirme, además, con mis antiguos compañeros del instituto El Picacho y volver a pasar un rato muy agradable con ellos, y sobre todo, volvérmelo a pasar pipa con mi amiga Aurora. No importa haber roto unos zapatos  camino de vuelta a su casa y haber acabado comida por los mosquitos como no recordaba desde mis días en Colombia, ha valido la pena gastarme el dinero en reponer mi cazado
y soportar durante una semana la comezón de las picaduras. He podido ver que mi amigo se recupera satisfactoriamente de su operación, lo cual me tranquiliza y me alegra sobremanera. Aún le queda por delante así que espero que mi visita haya cumplido su objetivo, que era darle todo el cariño y el ánimo que merece. Por otro lado, por fin le he devuelto a mi amiga la visita que le debía ya desde hacía años y he vuelto a hacer un poco el loco con ella, riendo, bailando y bebiendo, tras disfrutar de esa puesta de Sol mágica que tan merecidamente enorgullece a los sanluqueños. Hasta hubo tiempo para robarle a ese Sol unos cuantos rayos más para tostar nuestra piel al día siguiente antes de almorzar. ¡Qué bien me ha sabido ese rato de playa! Y es que, lo he dicho más de una vez, somos animales de costumbres y aunque nos adaptemos a otros hábitats, el que es de costa, costa quiere, necesita y desea. Si todo va bien y esta sustitución sigue yendo como debe ir, cumpliré la promesa a mi amiga y
volveré en otra ocasión a repetir otra parrandita como esta. ¡Qué bueno!
Regresé a Sanlúcar la Mayor el sábado a la tarde, con el tiempo adecuado para hacer una pequeña compra en el supermercado, darme una buena caminata para compensar los excesos alcohólicos de la noche anterior y para cocinar hasta un bizcochito para mi visita del domingo, eso, además de corregir los últimos exámenes que me dejé pendientes. Como es lógico, cuando caí en la cama dormí como una bendita, cosa que también es motivo para congratularme dadas mis habituales noches insomnes.
Esta mañana, tempranito, mi primera visita malagueña, me informaba de que ya se hallaba en camino, lo cual me ha hecho despertar con una sonrisa ante la certeza de otro día de gustosa compañía. 

Diez y media de la mañana, mi amigo ya ha llegado y comienzo por presentarle a mi megafantástica amiga-mami-casera. Siendo domingo no es fácil encontrar una farmacia abierta y resulta que las picaduras lepidópteras del rato en Bajo de Guía han pasado a ser bultos dolorosos e incluso algunas se han convertido en ampollas del quince, así que recurrí a mi benefactora para que me proveyera de antihistamínicos. Así hemos tenido la ocasión de ser agasajados, además, con unas buenísimas lentejas caseras que disfrutaremos sin duda el lunes a la hora del almuerzo.
Luego desayuno con churros en un lugar con solera, compra de unos buenos bocatas y carretera y manta (bueno, mejor dicho toalla) hacia Matalascañas, que ha amanecido un día más espléndido y no perdonamos un buen bañito de Sol, mar y arena blanca. Exentos de la masificación propia del verano, da gusto disfrutar de la playa y como no podía ser de otra manera, tenemos sesión de fotos para dejar constancia del hecho y poner los dientes largos a más de uno (pero sin maldad, ¿eh?, todo de buen rollito). 

Cuando el fresquete nos hace recordar la estación del año en la que estamos, recogemos bártulos y tomamos de regreso la carretera de Hinojos porque me siento melancólica de cierto paisaje que frecuenté cuando trabajé en Paterna del Campo y, queriendo mi amigo satisfacer mis antojos, sale de la cómoda autovía para senderear por aquellos lares.
De vuelta en casa, merendola con mi bizcocho casero y por fin
llegamos al punto en el que empiezo esta narración. Solo que en realidad, empecé a escribir ayer. Nos llegó la hora de ducharnos, ponernos guapetones como aquí hacen los domingos por la tarde y salir a pasear por las calles de Sanlúcar. Nuestro paseo nos llevó hasta un barecillo donde nos atrapó un concierto que no esperábamos y del que disfrutamos mojando el gaznate con un par de cañitas mientras abríamos el apetito y augurábamos un gran futuro (bueno, un futuro, al menos) a Carlos Peralías, que nos hizo destrozar alguna que otra canción de aquel Alejandro Sanz de antaño.

Y, un poco más tarde, y algo más achispados, por fin consigo ver abierta la tabernita a la que quiero llevar a todo el que venga a visitarme: La Buena Vida (probablemente el único lugar del pueblo donde te sirven otra cerveza que no sea Cruzcampo). ¡Qué lástima
que haya que madrugar mañana! Volvemos a casa, aunque mi amigo también se queda a pasar el lunes, así que genial, seguiré echando unas buenas risas. 

Aunque hay que trabajar desde la biblioteca, lo cierto es que se hace mucho más ameno en compañía, y, encima, se rinde más. Ahora, tras haber acabado las tareas que tenía previstas, hasta me da tiempo  concluir el resumen de este fin de semana y a incluirlo una vez más en el baúl de recuerdos que es este blog. ¡Qué afortunada me siento siempre que tengo la oportunidad de vivir unos días tan agradables! Contároslo  es compartir esa alegría, es dar las gracias por sentirla y es deleitarme de nuevo con los momentos vividos. Ojalá que siempre escribiera en estos términos. 

Publico en unos segundos, pero he de ser rápida, porque aún quedan horas para disfrutar de este lunes y queremos seguir haciéndolo. Tal vez busquemos un paseo donde nos pille una buena perspectiva de la puesta de Sol de hoy sobre los campos de Sanlúcar la Mayor y quizás más tarde tengamos invitadas a cenar en mi casa con la que cerraremos la jornada. Mañana, aún habrá un desayuno con “buenos días”, una sonrisa y un beso de despedida. ¡Hasta la próxima!